El liderazgo cristiano y la mayordomía
Hay distintas visiones del liderazgo cristiano en el mundo moderno, el congregacional o bautístico, el episcopal o jerárquico y el federal o representativo de la tradición reformada. En todas las expresiones de gobierno se da una suerte de liderazgo colegiado, es decir, un cuerpo de personas son responsables del ministerio.
En algunas iglesias de tradición neo-pentecostal, la obra se presenta como la visión de una persona, el trabajo arduo de una familia y el llamado de Dios a una persona. Esto, en sí, no tiene nada de malo. Muchas personas, a lo largo de la historia del cristianismo, han sido llamadas por Dios, con un llamamiento único, a llevar a cabo tareas muy especiales e irrepetibles.
El asunto, sin embargo, se vuelve difícil cuando esta visión se ve investida de ciertos “derechos” que parecen ir mas allá de la prudencia y sabiduría bíblicas. Esos derechos se traducen a una autoridad que no rinde cuentas doctrinales, financieras ni espirituales a nadie más que a Dios. En verdad, esto significa un alejamiento de facto del Cuerpo de Cristo y de las relaciones con otros creyentes.
Es difícil cuestionar esto, si a la vez se lo explica como producto de una autoridad independiente, anterior y superior a toda otra visión ministerial, a toda otra autoridad humana, en este caso, investida en un solo individuo. Si bien, esta autoridad que no rinde cuentas facilita el trabajo y la toma de decisiones, ello coloca a los ministerios en vulnerabilidad, quitando al Señor la posibilidad de correctivos necesarios en toda obra humana y por tanto falible. Ningún llamamiento está libre de ser mal interpretado o mal aplicado.
El liderazgo colegiado implica la involucración de un equipo de personas maduras, que se rinden cuenta mutuamente y que cuidan la doctrina, el buen nombre y la vida espiritual unos de otros. El grupo apostólico adopta esa visión del ministerio y se compromete a generar la posición institucional y el liderazgo adecuado, local y nacionalmente, para proteger la doctrina y a los hombres que la sustentan.
Algunos problemas recientes
Los problemas más conocidos son financieros, los más peligrosos sin embargo, son los que tocan a la doctrina. Cuestiones de aplicación muy práctica, como el significado de la autoridad eclesiástica sobre la vida de las ovejas, han tenido profundas repercusiones en algunos ámbitos. Explicaciones sobre la trinidad y la autoridad de la Biblia, “mal comprendidas” por el resto del Cuerpo, también se han ventilado en el pasado entre nuestras iglesias. Valgan estos ejemplos para indicar que la falta de comunión a nivel del Cuerpo, ha amenazado las enseñanzas más claras de la Biblia en el pasado reciente.
En este caso, sin embargo, tratamos los problemas que tienen que ver con la mayordomía. Se ha dado, como parte de la visión neo pentecostal, un excesivo énfasis en la prosperidad del líder cristiano. Se han aplicado directamente al líder cristiano las leyes sobre el levirato sin las matizaciones correspondientes. Se ha creído que la aplicación de las leyes del levirato incluye la construcción de un imperio que independiza y enriquece de tal manera al líder gobernante que termina negando el levirato mismo. Llega a darse el caso en el que el líder gobernante es más rico que todo el ministerio junto.
Esto va acompañado de la compra y formación de activos, terrenos, medios de comunicación, instituciones educativas y bienes y raíces en general, a nombre del líder gobernante y esto no debería de ser así, ya que el dinero recaudado no es propiedad privada, sino más bien, para cumplir con las responsabilidades ordenadas por Dios a la Iglesia.
Todos los activos, como lo pueden ser:
- Templos
- Licencias y Radio emisoras
- Canales de TV
- Terrenos
- Edificios y
- Otros,
Deben estar a nombre de un ministerio, fideicomiso, fundación, asociación u otro tipo de organización, que tengan lineamientos claros en torno a que dichas propiedades no pueden ser vendidas, intercambiadas o enajenadas, para otros fines que el adecuado uso para el servicio del Cuerpo de Cristo.
La enseñanza bíblica sobre el dinero
La Biblia habla mucho del dinero. En ningún lado asume que el dinero sea malo. Ni siquiera asume que es malo guardar para momentos de necesidad (Proverbios 6:6) y Pablo apoya el principio de que los padres provean para el futuro de sus hijos (2 Corintios 12:14). En otras palabras, las enseñanzas de Jesús no implican que está prohibida la propiedad o que no se pueda tener cuentas bancarias.
A la luz de la variedad de pasajes de la Escritura sobre el dinero, aprendemos que debemos usarlo responsablemente:
1) proveyendo generosamente para la obra de Dios; 2) guardando para nuestra vejez; 3) proveyendo para las necesidades de nuestros hijos; y 4) dando generosamente para las necesidades de los que padecen pobreza.
Respaldado por la autoridad de las Escrituras, uno puede decir que esas son las grandes áreas en las que Dios espera utilicemos nuestro dinero.
El uso del dinero tiene un lado espiritual, como ya Jesús nos lo revelaba al decir que debemos dar a Dios lo que es de Dios. Creemos que lo que es de Dios es mucho más que lo que es del César y ciertamente mucho más que lo que es nuestro. A Jesús, muchos lo oían, pocos se convencían y sólo los comprometidos pudieron decir como Zaqueo: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” Lucas 19:8
Para Zaqueo, el destinatario de la riqueza son los pobres y aquellos a quienes él había defraudado.
El dinero es un termómetro del amor a Dios. La única advertencia que la Biblia da contra el dinero, no va contra los que lo poseen sino contra quienes son poseídos por él. Pablo dice: “Porque raíz de todos los males es el amor al dinero” 1 Timoteo 6:10. No es el dinero la raíz de todos los males sino el amor al dinero. El termómetro del amor a Dios, es al final, cuánto doy yo de lo mío al Señor y a los demás: “que sean ricos en buenas obras, dadivosos y generosos” 1 Timoteo 6:18. Pablo dice: “atesorando para sí buen fundamento para lo porvenir” 1 Timoteo 6:19.
Luego, agrega en el marco del liderazgo cristiano, que la codicia puede ser causa de distorsiones espirituales. ¿Qué es la codicia sino amor al dinero? Ese amor es una de las causas de perder la fe: “El cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores" 1 Timoteo 6:10. De esto, advierte, no están exentos los maestros cristianos que “toman la piedad como fuente de ganancia" 1 Timoteo 6:5. Es decir, que del problema del amor al dinero no se salvan ni quienes enseñan o predican. Es más, es posible predicar la piedad sin reconocer el derecho de Dios ni el de César, lo cual es fallar doblemente en este tema.
Peligros al manejar cantidades fuertes de dinero
1 Timoteo 6:8-11 “Sin embargo, grande ganancia es la piedad con contentamiento. Porque nada trajimos a este mundo, y es evidente que nada podremos sacar. Así que, teniendo el sustento y con qué cubrirnos, estaremos contentos con esto. Porque los que desean enriquecerse caen en tentación y trampa, y en muchas pasiones insensatas y dañinas que hunden a los hombres en ruina y perdición. Porque el amor al dinero es raíz de todos los males; el cual codiciando algunos, fueron descarriados de la fe y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores. Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia, la mansedumbre.”
Hebreos 13:5 “Sean vuestras costumbres sin amor al dinero, contentos con lo que tenéis ahora; porque él mismo ha dicho: Nunca te abandonaré ni jamás te desampararé.”
1 Pedro 5:2 “Apacentad el rebaño de Dios que está a vuestro cargo, cuidándolo no por la fuerza, sino de buena voluntad según Dios; no por ganancias deshonestas, sino de corazón.”
En tiempos de Jesús no había bancos y la gente atesoraba de formas diferentes. Un traje caro era tan bueno como plata contante y sonante. Otra manera era guardar granos, siendo las hambrunas una amenaza permanente. Finalmente, convertían la riqueza a algún metal, oro o plata, y lo enterraban. Contra este atesoramiento advierte Jesús. Las ratas atacan graneros. “La polilla y el orín corrompen, los ladrones minan y hurtan.” Mateo 6:19-20.
Si usted desea desarrollar celo por el reino de Dios, la receta es sencilla; debe poner su tesoro ahí. Cuando la vida está entregada al negocio, la casa y el nuevo carro cada año, Dios puede quedarse con el cambio que nos sobra. Cuando se vive para el aquí y el ahora, algunos logran vivir en grande, pero es muy serio porque esa es la única realidad que se conoce y es la única vida que se tiene.
Jesús expresó: “ninguno puede servir a dos señores”. Cuando Jesús habló del otro gran rival que puede tener Dios en la vida práctica, no habló de un panteón de dioses. Habló del dinero. En la cultura del Medio Oriente, “amar” a un señor y “aborrecer al otro” no tiene que ver con sentimientos; tiene que ver con prioridades.
Jesús no está hablando del hombre que tiene dos empleos sino del hombre que tiene dos amos. Tener dos empleos es posible. Tener dos amos es imposible. En el contexto del primer siglo, en donde la esclavitud existía, había amos, y al amo se le servía las 24 horas. Por eso es que tener dos amos es una imposibilidad. Es querer bailar a dos orquestas, estar casado a dos cónyuges o adorar en dos templos. Así sucede con la riqueza, dice Jesús. No se puede servir a Dios y a la riqueza. Las versiones antiguas transliteraban riqueza por la palabra aramea mamón, el dios de la riqueza.
El tema de fondo es que se puede servir al dinero y simular que se sirve a Dios; o se puede servir a Dios y usar el dinero, pero no se puede vivir para los dos. Así queda la pregunta ¿Sirve usted a Dios y usa el dinero o sirve usted al dinero y usa a Dios? La manera de servir a Dios y usar el dinero, es dejando que sus ofrendas revelen que en donde está su tesoro está también su corazón. Por eso, el punto no está realmente en cuánto damos a Dios, sino con cuánto de lo que le pertenece a Dios nos quedamos.
Diezmos:
- ¿Están vigentes en el N T?
En el Nuevo Testamento, desde una perspectiva espiritual, las afirmaciones de los hombres de Dios están enderezadas a que todo lo que somos y tenemos se lo debemos a él. Por tanto, reducir el compromiso del pueblo de Dios a un 10 %, puede más bien limitar el compromiso espiritual del cristiano hacia la obra de Dios, ya que fuimos comprados por la sangre de Cristo y fuimos trasladados del reino de las tinieblas al reino de su amado hijo, el cual es un ámbito en donde él es Señor de todo.
Mateo 23:23 “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque entregáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino; pero habéis omitido lo más importante de la ley, a saber, el juicio, la misericordia y la fe. Era necesario hacer estas cosas sin omitir aquéllas.”
Sin embargo, el diezmo es el mínimo de la responsabilidad de cualquier cristiano como aporte para seguir proclamando el evangelio de Cristo, ya que la Escritura nos afirma que el retorno de nuestro Señor Jesucristo, no ocurrirá hasta que el evangelio del reino sea predicado en todo el mundo.
Mateo 24:14 “Y este evangelio del reino será predicado en todo el mundo para testimonio a todas las razas, y luego vendrá el fin.”
Autoridad en la Iglesia del N T:
Ministerio Quíntuple
Para poder dilucidar este punto, se debe de tener en cuenta el marco de autoridad que Dios establece a través de las Escrituras.
Dios estableció “a unos apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,” según Efesios 4:11-12
Estos ministerios trascienden la Iglesia local y fueron establecidos para equipar, edificar, corregir e instruir al Cuerpo de Cristo en general, pero respetando el marco de autoridad de la Iglesia local.
- Iglesia local, Ancianos y Diáconos
El liderazgo en el Nuevo Testamento es siempre colegiado. Jesús mismo, compartió su ministerio con el grupo íntimo de los tres (Pedro, Jacobo y Juan). También con el grupo de los doce y finalmente, con el grupo de los setenta. Con este último no se tienen indicaciones detalladas de cual era su relación, pero fueron enviados a predicar, echar fuera demonios y a sanar a los enfermos.
Si alguien pudo haber hecho la obra en solitario, fue el Señor Jesús. Sin embargo, él nos dejó un modelo de un ministerio compartido. Por eso no es extraño que en la fundación de iglesias a lo largo del libro de los Hechos y en las instrucciones de las epístolas pastorales, se afirma la pluralidad de liderazgo.
Tito 1:5 “Por esta causa te dejé en Creta: para que pusieras en orden lo que faltase y establecieras ancianos en cada ciudad, como te mandé.”
Hechos 14:23 “Y después de haber constituido ancianos para ellos en cada iglesia y de haber orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído.”
Santiago 5:14 “¿Está enfermo alguno de vosotros? Que llame a los ancianos de la iglesia y que oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.”
1 Pedro 5:1 “A los ancianos entre vosotros les exhorto, yo anciano también con ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y también participante de la gloria que ha de ser revelada.”
1 Pedro 5:5 “Asimismo vosotros, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y revestíos todos de humildad unos para con otros, porque: Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes.”
Tomando en cuenta el punto anterior, se puede deducir que los dineros recibidos en la Iglesia, deben servir, primordialmente, para el mantenimiento y sustento de los siervos de Dios que trabajan tiempo completo en la obra.
Malaquías 3:10 “Traed todo el diezmo al tesoro, y haya alimento en mi casa. Probadme en esto, ha dicho Jehová de los Ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”
Mateo 10:10 “Tampoco llevéis bolsas para el camino, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón; porque el obrero es digno de su alimento.”
1 Corintios 9:11-15 “Si nosotros hemos sembrado cosas espirituales para vosotros, ¿será gran cosa si de vosotros cosechamos bienes materiales? Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿no nos corresponde más a nosotros? Sin embargo, nunca usamos de este derecho; más bien, lo soportamos todo para no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo. ¿No sabéis que los que trabajan en el santuario comen de las cosas del santuario; es decir, los que sirven al altar participan del altar? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio. Pero yo nunca me he aprovechado de nada de esto, ni tampoco he escrito al respecto para que se haga así conmigo. Pues para mí sería mejor morir, antes que alguien me quite este motivo de orgullo.”
Podemos observar la actitud de Pablo que, a pesar de reconocer su derecho a percibir un salario, renuncia a esto con tal de presentar al Señor una mejor ofrenda, la de su sacrificio personal por los creyentes.
1 Tesalonisenses 2:9 “Porque os acordáis, hermanos, de nuestro arduo trabajo y fatiga; que trabajando de día y de noche para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.”
1 Corintios 4:12 “Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando somos insultados, bendecimos; cuando somos perseguidos, lo soportamos.”
2 Corintios 12:13-15 "Pues, ¿en qué habéis sido menos que las otras iglesias, excepto en que yo mismo no os he sido carga? ¡Perdonadme este agravio! He aquí estoy listo para ir a vosotros por tercera vez, y no os seré carga. Porque no busco vuestras cosas, sino a vosotros; pues los hijos no tienen obligación de atesorar para los padres, sino los padres para los hijos. Sin embargo, de muy buena gana gastaré yo de lo mío, y me desgastaré a mí mismo por vuestras almas. Si os amo más, ¿seré amado menos? "
- ¿Cómo se distribuyen los diezmos?
En el Antiguo Testamento, las once tribus de Israel diezmaban a la tribu de Leví, lo que sugiere una proporción equitativa en el reparto de ese diezmo, ya que al hacerlo así, no existía una brecha que desfasara los niveles económicos entre ofrendantes y receptores.
El asunto del levirato
En efecto, los levitas vivían del 10% de las ofrendas. El pueblo estaba obligado a sustentarlos con los diezmos y ellos estaban dedicados a enseñar la ley y a servir en el templo de manera exclusiva. Los levitas eran una tribu dedicada a Jehová. El diezmo a los levitas está más cerca de lo que hoy consideramos “un salario” que de una dote que se convierte en capacidad financiera.
Números 18:21 “He aquí, he dado a los hijos de Leví todos los diezmos de Israel, como heredad, a cambio del servicio que llevan a cabo en el tabernáculo de reunión.”
En la Biblia no se transfieren derechos de levirato a ninguna posición ministerial. Lo que si es claro, es que “el obrero es digno de su salario” y que quienes viven para el evangelio es justo “que vivan del evangelio” según Pablo.
Los líderes cristianos de hoy no son levitas. Los levitas, a quienes iba el 10% de las ofrendas, eran un cuerpo de personas, no una persona o familia sola. El diezmo aseguraba el sustento de toda una tribu en Israel y no tenía como propósito garantizar el enriquecimiento de ese grupo.
En base a todo lo anterior, cuando una congregación empieza a crecer, debiera guardar cierta proporcionalidad entre el número de ovejas y de los siervos que las pastorean. En tal virtud, deben usarse los dineros percibidos para la contratación de ancianos y diáconos y demás personal de apoyo, quienes tienen el derecho de recibir un salario decoroso, tratando siempre que no exista un desfase muy notorio entre ellos y el pastor general o gobernante.
1 Timoteo 5:18 “Porque la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla. Además: “El obrero es digno de su salario.”
- Rendir cuentas (sometiéndonos unos a otros)
Un ejemplo contundente que podemos encontrar en las Sagradas Escrituras, es el del mismo apóstol Pablo, quien a pesar de haber recibido la revelación y el llamado directamente de parte de Dios, reconoció el liderazgo de los otros apóstoles y subió a Jerusalén “a exponer en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predicaba entre los gentiles.” Gálatas 2:2
El Concilio de Jerusalén también es un testimonio de la importancia de someternos a otos siervos para salvaguardar la pureza del evangelio Hechos 15.
De esto, concluimos que nuestra actitud como siervos no puede ser una de independencia arrogante, sino de interdependencia con los otros ministerios del Cuerpo de Cristo.
Proverbios 11:14 “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; más en la multitud de consejeros hay seguridad.”
- Responsabilidad como administradores
Algunas recomendaciones prácticas
Es importante confesar que hemos fallado a Dios en este tema. La Biblia habla mucho del dinero y eso es innegable. Lo que la Biblia no dice es que todo el dinero deba terminar en los haberes del líder gobernante. Algunos hemos permitido que nuestra estructura administrativa impulse una visión que se acerca a eso. Esta propuesta no tiene dedicatoria a persona alguna. Se presenta a todo el pueblo de Dios, sabiendo que si Dios nos habrá de usar, lo hará primero pidiendo cuentas de nuestra mayordomía.
- Medite en oración sobre este tema y consúltelo con otros hermanos.
- Reconozca el derecho de Dios y de César, es decir, ofrende generosamente y pague los impuestos de la nación como parte de sus responsabilidades personales.
- Nombre un cuerpo de personas para que administren las finanzas de la Iglesia.
- Decida colocar los bienes de la Iglesia y de la obra, en manos de un cuerpo colegiado de hombres sabios que entienden su ministerio y su visión y que, a la vez, sean buenos administradores. 1 Pedro 4:10 “Cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”
- Trabaje en la obra en base a un salario digno o decoroso. 1 Timoteo 5:17 “Los ancianos que dirigen bien sean tenidos por dignos de doble honor (salario), especialmente los que trabajan arduamente en la palabra y en la enseñanza.”
- Si la posición de años de práctica de un liderazgo centralizado lo convirtió en una persona financieramente poderosa, corrija ese error con el espíritu de Zaqueo y decida convertirse en “diezmador a la inversa”. Es decir, alguien que puede llegar a dar el 90% de sus ingresos a la obra de Dios y vivir con el 10% restante. Tito 1:7 “Porque es necesario que el obispo sea irreprensible como mayordomo de Dios; que no sea arrogante, ni de mal genio, ni dado al vino, ni pendenciero, ni ávido de ganancias deshonestas.”
- Apoye los esfuerzos para crear una entidad de transparencia ministerial a la cual se adhiere su ministerio en un esfuerzo de rendición de cuentas a nivel local y nacional. Efesios 5:21 “y sometiéndoos unos a otros en el temor de Cristo.”
- Lleve a cabo auditorías internas y externas para mostrar una disposición a la transparencia, generar confianza y dar testimonio de buena administración. 1 Corintios 4:1-2 “Que todo hombre nos considere como servidores de Cristo y mayordomos de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se requiere de los mayordomos es que cada uno sea hallado fiel.”
- Presente un informe general a su congregación, por lo menos una vez al año, mostrando cómo se han administrado e invertido las ofrendas y los diezmos, lo cual generará un ambiente de confianza y transparencia.
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